Un amor que cruza fronteras


 

Gustavo y Gonzalo Matas, padre e hijo. Encontraron en el Mountain Bike  una pasión que los une  más aun como familia.

Los 13 años de “gonchy” lo convirtieron, durante los primeros días del  mes de  abril, en el “Biker” más chico en completar la travesía de  la séptima edición del reconocido Atacama Challenger que se disputa cada año en el país vecino de Chile

 

 

A los cinco años de vida empezó a  codearse con el deporte cuando sus padres lo llevaron a practicar Taekwondo. Su disciplina marcó siempre  la diferencia. Logró alcanzar el cinturón negro apenas cinco años después de comenzar esta actividad.

Empezó a andar en bici  a los 10 años para acompañar a su padre. Gustavo buscaba mejorar su estado físico y bajar un poco de peso. Estaba pesando más de 115 kilos. Al comienzo les costaba un poco ya que eran fanáticos de los eventos post salidas (humitas, sándwiches, etc.) Empezó como un hobby. Pero de a poco fueron enamorándose de la actividad.

Entraron a  una escuela de Monutain Bike  para imprimirle mayor seriedad al asunto. Allí hicieron muchos amigos. En este deporte las salidas son masivas, los “bikers” se admiran entre todos y valoran los logros ajenos y  los propios, se suele respirar un ambiente sano y de muy buena onda.

La posibilidad de viajar a Chile para disputar  el Atacama Challenger  comenzó a gestarse en el año 2018. El padre ya había participado  en el certamen de aquel año y le  hizo la promesa a su hijo de correrlo  juntos en la siguiente edición.

Esto no iba a quedarse solo en promesas.

No fue un trámite fácil, ya que por la edad de Gonzalo había ciertas burocracias que superar.

Gustavo se contactó   con el organizador de la carrera para explicarle que él ya la había corrido, que la conocía y que iban a poder  hacerla juntos. Y  acreditó  que Gonzalo  estaba en condiciones de terminarla sin riesgos. Llegó la autorización y la inscripción.

Prepararon la carrera a fondo durante más de cinco meses. Entrenaron sin parar en la escuela  “AUAD Grupo Ciclista “a cargo de soledad Auad.

Ya Habían corrido juntos dos “Transmontañitas” (formato reducido del famoso Transmontaña), allí  no habían tenido la mejor de las suertes, sufrieron desperfectos técnicos en sus bicicletas y algún que otro problema físico.  Aunque, claramente el foco estaba puesto en San Pedro de Atacama. Allí convivían sus mayores  deseos y expectativas.

La carrera se divide en tres etapas:

Mientras tanto,  los inscriptos en el MINI ATACH”, categoría  en la que participó Gonzalo, corren únicamente la etapa número tres.

Gustavo ya había completado los dos primeros cortes, aunque su atención estaba puesta en atravesar el último tramo a la par de su hijo.

Había una diferencia de diez minutos entre la largada  principal y la “Mini”.  Apenas partió, el padre  avanzó unos metros y se posó al costado del camino a la espera de la salida “gonchy”. Este gesto lo dejaría lejos de cualquier posibilidad real  de podio, pero a él poco le importaba eso, solo quería disfrutar cada metro, admirar cada paisaje, sentir el  viento golpeando su cara o  disfrutar de cada trago de agua en pleno desierto  a la par de su hijo.

Ganar  o perder, ser el primero o el último son solo circunstancias del deporte. Correr a la par de un ser querido no busca   medallas  ni reconocimiento, solo persigue cuestiones relacionadas con el amor y el orgullo.

Fueron algo más de 62 kilómetros montados en sus bicis. Con el constante apoyo de su familia. Quienes, desde el costado del camino,  asistían y colaboraban con cualquier cosa que necesiten los corredores.

3:45 horas duró su aventura. “Gonchy” terminó  en el puesto número 359 en la tabla general de ese día.

Casi 4 horas con  miles de sensaciones, por momentos su padre lo alentaba, aunque cada rato se le caían algunas lágrimas mostrando a  flor de piel la emoción que le generaba esta hermosa experiencia junto a su  hijo.

Los espectadores los aplaudían y los alentaban desde afuera. Inclusive los otros corredores les tiraban las mejores energías cada vez que pasaban cerca de ellos.

En plena carrera algún que otro testigo pudo escuchar un grito que emocionó a propios y a extraños:

“Vamos mi negro, vos podés, te amo”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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