El último samurai


Emmanuel Lucenti, judoca tucumano que plantó bandera a escala internacional, se sumó a un nuevo Apretao Live y revivió los pasajes más profundos de su carrera.

Por sus venas no solo circula sangre. Corren a velocidades inmensas la pasión, la tenacidad y la lucha.  Sus pies, lejos del suelo argentino, se fijan con firmeza en su inmortal tatami. Porque si hay un lugar en donde Emmanuel Lucenti es feliz, es ese. Siempre.

El “Loco” (35) como lo llaman sus amigos, comenzó a dejar huellas en este deporte de la mano de su papá y hermano. Y desde ese momento no paró. De Tucumán al mundo se hizo cada vez más grande. Cosechó torneos que no solo le dejaron satisfacciones teñidas de plata o bronce. Le regalaron la convicción de saber que eso es lo que quería para su vida. Su participación en la Selección desde los 16 años lo hizo tener una visión y un análisis que busca modificar las condiciones actuales de la disciplina y lo colocan en una posición clave para las nuevas generaciones. “Muchos me consideran el último samurái de esta camada. En lo masculino, llevo mucho tiempo, Paula Pareto es más joven y está en una situación diferente. Cuando me retire culminará también una etapa en esta actividad. Los resultados actualmente no nos acompañan, el judo no está pasando un buen momento. Los chicos no pueden surgir. No como antes. Hay que trabajar mucho para sacarlo adelante. Si uno compara las categorías de ahora con las de 10 o 15 años atrás el nivel es muy diferente. La transición no está siendo la mejor. Ojalá Argentina puede volver a estar en el primer plano, yo siempre estaré a disposición para ayudar desde donde pueda”.

Su postura es clave en relación a los cambios que atraviesa la actividad por eso refuerza la elección del lugar que pronto cuando se levante la cuarentena lo volverá a abrazar con cada entrenamiento. “Los torneos casi siempre fueron en Europa o Asia por eso decidimos venirnos con mi esposa y nuestro bebé a Georgia. Y bueno en este tiempo los eventos se terminaron cancelando . Pero estamos tranquilos porque esto nos ayuda en lo físico y en lo emocional. Es algo bueno que en algún momento el mundo se haya recluido un poco. Ahora nos damos cuenta de todo lo que en el día a día se nos pasa con la rutina. Esto me hace reflexionar. Aquí las cosas son muy diferentes. Se respira arte marcial. Hay mucho judo. El entrenamiento es duro pero a la vez acertado. Si tuviera que volver a elegir un lugar para entrenar sería este sin lugar a dudas. Las prácticas son inteligentes».

La disciplina le abrió las puertas a los episodios más importantes de su carrera. Esos que lo hacen cambiar su semblante y erizar su piel al recordarlos. “El judo me dio muchísimos momentos hermosos que siempre llevaré conmigo. Desde aquella primera pelea con Javier, un amigo que es como un hermano para mí,  siempre le ganaba en los entrenamientos y en el torneo él me ganó y eso me dejó una enseñanza, no dar por ganado ningún combate ni subestimar a nadie. Tuve muchas aventuras . A los 16 años prácticamente ya era titular en la Selección mayor y siendo tan joven tuve una responsabilidad muy grande. Me fui a vivir solo siendo chico. Otro recuerdo que me emociona es cuando estuve frente a un rival de Corea, en estadio repleto y Horacio Muratore y el sensei Roberto Ahualli estaban ahí alentando. Eso fue algo que nunca me lo hubiera imaginado”.

En este recorrido, Emmanuel Lucenti  también se topó con instancias  que le permitieron crecer y superarse. Que lo hicieron tocar fondo. “El 2017 fue el mejor año de mi carrera, llegué a estar entre los 7 mejores del mundo. Pero estuve del lado de no tener nada también. A estar parado completamente. Fue una suma de malos hábitos que no respetaron mi intuición y eso me hizo colapsar. Mi lesión fue determinante. La espalda me duele las 24 hs del día. Pasé mucho tiempo con demasiado dolor y sin poder salir de mi cama, fue una época muy difícil. Hoy puedo empezar y terminar un entrenamiento pero hay algunas rotaciones de mi tronco que no son las mismas de antes. Tuve un poco de mala suerte en los torneos que elegí. Por responsabilidad propia, empecé con los  más difíciles por el tema de los puntos”.

Pese a los altibajos que le proporcionó el deporte no deja de velar por formar parte de un cambio. Por aportar desde su experiencia a los más chicos y no alejarse del ambiente. “Como entrenador sé que puedo brindar cosas muy buenas, ese es mi lugar, el tatami. Me gusta el trabajo sucio. No podría estar en una dirigencia por ejemplo”.

El «Loco» lleva como estandarte la celeste y blanca. Persigue sueños y deja a las jóvenes generaciones un ideal firme. No renunciar ante la adversidad. Porque antes de ser ex deportista elije ser judoca una y otra vez.

Reviví la entrevista completa:

 

 

 

 

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