“Nadie nos puede prohibir el derecho a jugar”


Rocío Macarena Díaz

Rocío Díaz, futbolista profesional de Racing Club, se sumó a un nuevo Apretao Live. Destacó la conquista de la mujer en un espacio que aún carece de recursos y de un sistema que acompañe.

Luego de muchos años de lucha y resistencia, el 16 de marzo de 2019, AFA anunció la creación de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.  Sin embargo las protagonistas en cancha no perciben igualdad de derechos. Rocío Díaz (24) dejó Tucumán en busca de oportunidad y crecimiento pero el escenario conquistado carece de herramientas indispensables. “Este deporte sigue siendo pensado por y para hombres. Ya con el hecho con ver o leer noticias se hablan de posibles vueltas pero solo para la categoría masculina. Lo último que salió es el acuerdo de la Asociación y agremiados donde se invitaba a los club a una renovación de 6 meses calculando el tema de la cuarentena y una posible vuelta. Pero no hemos avanzado en cuestiones de derecho en este sentido porque queda mucho en manos de la dirigencia lo que pueda llegar a suceder. Hay 8 contratos obligatorios y somos 25 o 30 chicas. No hay un proyecto de antemano pensado para poder respaldar. En ese momento como hubo tanta presión social que se profesionalizó pero muchas cosas quedaron ahí y generan grandes dudas. No hay un esquema pensado para esto.  En qué se basa el elegir quiénes son las que gozarán de contrato y quiénes no es algo que tampoco esté claro. No sabemos de qué depende. Hay una gran diferencia con otros clubes que tienen 22 y nosotros solo 8. Todas entrenamos, disponemos de nuestro cuerpo y hacemos lo mismo que un hombre no debería haber diferencia en este aspecto. Las distancias las marcan la sociedad o el sistema capitalista y machista. Nosotras no tenemos que darle comodidad a esta estructura. Si queremos hacer algo o si deseamos algo tenemos que saber que si podemos hacerlo a pesar de las dificultades. Lo que está mal es el contexto no nosotras. La cancha es nuestra. El fútbol también lo es. Si queremos estar ahí no tenemos porqué despegarnos. Nadie nos puede prohibir el derecho mismo a jugar”.

En este marco de conquista, sentenció que todo lo logrado fue el resultado de un largo proceso encabezado por la mujer. “La profesionalización fue resultado del feminismo no de los de corbata que toman decisiones. Ellos se lo adjudicaron como propio pero en realidad es la lucha de las compañeras que vienen trabajando hace muchísimo tiempo. El contexto de esto se dio por un empuje muy masivo de las propias mujeres. El presidente de la AFA se pone el nombre de líder de la igualdad y hasta crearon un espacio, en teoría, destinado a esto pero en la página de la Asociación Argentina no hay nada de diversidad. Es solo una propaganda  política que no se sostiene con nada». 

Rocío Díaz sintió la cancha y la pelota como propias desde la infancia y sostiene que eso nadie puede arrebatarle. El derecho a estar y formar parte de un deporte es tan suyo como de cualquiera. Su camino se inició con el apoyo familiar que fue clave para construir su espacio. “Mis comienzos fueron muy contradictorios. De niña jugaba con varones, mi abuelo practicaba también y llevaba niños a probarse a clubes de Buenos Aires. Era un apasionado y amaba que todos juguemos. Eso me abrió una puerta grande a sentirme cómoda  pero cuando crecí empecé a ver una diferencia .Te lo marca la sociedad, el de afuera. Si bien mi entorno familiar me contenía,afuera no era tan así. Te sentís desencajada de algo que es tuyo. Propio. Si a vos te gusta ese terreno y lo querés habitar no debería haber límites. Tampoco teníamos referentes femeninos.No había perspectiva de género. Mi hermana más grande me comienza a contar sobre el feminismo y descubrí que no era una locura mía sino que de verdad estaba pasando algo. Y ahí decidí irme de Tucumán porque nos estaban dejando muy lado. No había interés. No había proyectos. No había nada. Ahí pude salir y encontrarme con mujeres que estábamos en la misma. A todas nos, lo vivimos. Todas sentíamos que estábamos en un lugar que no nos ayudaba. Quedábamos aisladas. Este paso que di me hizo encontrar otros horizontes. Si bien estamos relegadas pero juntas se sintió menos o lo hace ser más llevadero”.

 

Racing Club de Avellaneda es el lugar que hoy la abraza y le permite disfrutar de su espacio, consecuencia de haber pasado instancias muy duras que la hicieron colapsar. Situaciones de desigualdad que se vivieron incluso cuando salió a su primer partido como profesional. “Tuve un momento de ruptura. Era un partido de liga de futsal y en paralelo estaba jugando un plantel masculino y las condiciones eran pésimas. Las pelotas desinfladas, sin focos prendidos, piso sucio, árbitros manejaban otras cosas a la distancia. Pedíamos minuto y eran 3 minutos, no se controlaba el tiempo. La pelota se iba y teníamos que ir a la calle a buscarla. Ese día jugué con mucha angustia pero exploté, salí con mucha bronca. Gritando, llorando e hice la queja. Ahí me di cuenta de que no quería estar más en ese lugar. Me hubiese encantado seguir en Tucumán pero bueno ya no iba para ningún lado. Que no haya dejado todo tuvo que ver con mi familia y mis amigos. Fueron el soporte preciso. El hecho de que alguien empatice te hace querer seguir. Pero es muy duro que te digan que no podes hacer algo cuando vos misma sabes de lo que sos capaz, conoces tu cuerpo y sabes que ese espacio también lo podes ocupar. Y sin ir más lejos cuando tuve el primer partido contra platense fue muy especial y a la vez contradictorio porque no todas estábamos gozando de lo mismo. Había una falta y entre jugadoras eso se nota. Nosotras nos damos cuenta de que está pasando algo. No miramos para el costado. Había angustia por esta desigualdad que se planteó de la gente que toma decisiones. Bajo el discurso de que todo es de apoco. En el túnel antes de entrar se me pasaron muchas cosas, el recorrido futbolístico , las personas que me acompañaron siempre, mis amigas  que fueron y son fundamentales en mi vida, recuerdos de mi infancia, de mi abuelo, salí muy cargada de todo fue muy fuerte. Porque no podíamos disfrutar con total plenitud sabiendo que había aún muchísimo por cambiar”.

Rememorar sus pasos la hizo vovler una y otra vez a su infancia, a su abuelo, a la plaza, a la escuela. A la cancha y a cada vínculo que fue fundamental en este paso. “ El deporte me hizo encontrar personas maravillosas que me acompañaron y me empujaron y abrazaron cuando lo necesitaba. Mi entrenador de futsal , Diego Prieto. Grandes trabajadoras y luchadoras. Lo grupal tenía esto. De empujarnos entre todas. Esto marcó mucho mi forma de ser. Me acuerdo cuando llegue a Buenos Aires, al toque coincidimos, conectamos y empatizamos. Todas veníamos de lo mismo.  El trabajo del día a día era un factor común para que la dinámica se base en un equipo. Mis viejos me sostuvieron toda la carrera deportiva y me ayudaron en toda esa secuencia. Jugué a todos los torneos no falté a uno. Siempre me permitieron hacer esto. Son mis pilares junto a mis hermanos. Estuvieron en todos los momentos. Mi primo también. Estuve  rodeada de gente fantástica. Cuando llegué a la Capital coincidí mucho con Carlita Martínez, el primer fin de semana llegué y no conocía a nadie, era todo nuevo. Ella tenía un cumpleaños y me llevó y tenía como vergüenza porque no conocía a nadie. Y la pasamos bomba. Volvimos 7 de la mañana, fue una hermosa bienvenida. Me sirvió para relajarme y sentir que no había tanta diferencia. Arranqué súper bien la semana de prueba. Ese contacto me ayudó un montón”.

Cada lugar en el que pudo disfrutar de la pelota y de la compañía de mujeres que luchaban por la igualdad le trae emoción. Recuerdos y añoranza. La mediocampista regresó a cada uno de esos terrenos que tantas alegrías y también tristezas le dieron en su carrera. “ En Uthgra me di cuenta de cómo quería vivir el fútbol. Ahí me encontré con un ámbito deportivo en el que me sentía totalmente cómoda. Ahí me encontré con mi deseo. De cómo quería transitar todo esto. Entro y al año siguiente salimos campeonas y ahí me di cuenta cómo me gustaba estar en la cancha. Eso me marcó muchísimo. Me  llevé personas que día a día las siento conmigo pese a la distancia como la Moro, mi amiga, no solo en los deportivo sino en lo personal.  Estuvo desde el comienzo muy presente. Después en la UAI Urquiza me topé con mujeres increíbles como Macarena Sánchez, con ese deseo por proyectar, planificar, sumar y avanzar. Lo mismo me pasó en Argentinos del Norte, estuve rodeada de gente especial que hacía que todo lo que no estaba bueno por cuestiones instituciones pesen menos que compartir buenos momentos”.

No quedó exento el portar la celeste y blanca. Con mezcla de emociones y vivencias que inmortalizaron partidos. Jugadas. Pero siempre con el mismo tinte que empañó cada sonrisa, la desigualdad, la diferencia, el castigo. “Estar en un seleccionado es un orgullo. Nos encontramos con malos manejos en cuanto a los encargados de tomar decisiones, en ese sentido ha sido muy duro. Queríamos sostener el deporte y lo que surgía pero del otro lado no había desarrollo ni apoyo. Faltaban un montón de cosas. Eso también me genero contradicción porque quería estar en ese espacio pero la gente lo hacía  imposible. Era un desgaste tremendo siempre tener que pelear con los que en teoría querían estar con nosotros. Ahí le ganamos a Mendoza en una semifinal que es la potencia de esta disciplina. Me voy justamente por esto del futsal porque el límite desde la Asociación era tremendo. Estaba estancada. En el fútbol pasa mucho que te dicen que tenés que ganar para poder obtener desarrollo o resultados. Hay mucho negocio y las necesidades se basan en eso en vez de pensar en lo que le hace falta al deporte. Hay situaciones que no deberían existir como el hecho de que saquen a una jugadora por haber presentado una queja en la dirigencia. Se termina creando como un reglamento que está implícito y juegan desde lo emocional también”.

Destacó que tiene muchas personas dignas de admiración en esta lucha por la igualdad de derechos y reveló que toda compañera se merece ese respeto por el hecho de seguir apostando en lo que se les hizo tan difícil por tantos años.”  “Tengo muchas referentes, el fútbol estuvo tan invisible que la referencia la tenemos a la par. En la del mismo equipo y en la rival. Macarena Sánchez sin duda, Mónica Santino, Betty García. En el futsal tengo chicas muy grosas como Yamila Budeguer, Daniela Escasena. En Uthgra, Lourdes Yabrán. La Moro, por ejemplo,  era la 5 que todo el mundo quiere tener. Mi abuelo también fue una gran referencia”.

Jugadora, amiga, hija, hermana, compañera y luchadora, Rocío Díaz es una de las voces que necesita un eco fuerte. Para que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde. Para que puedan gozar de sus derechosy cumplir sus sueños sin tener que ser antes castigadas por ello.

 

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Publiée par Apretao Deportivo sur Samedi 23 mai 2020

 

 

 

 

 

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