«Ganar la copa del mundo fue como ver a Dios en la cancha»


José Hugo » Tato» Medina se consagró campeón intercontinental con Estudiantes de la Plata en 1968 y tricampeón de América (68´,69´,70´). Como director técnico también brilló en el Manchester United Premier Cup 2004. Un hombre que supo soñar. Con carencias y sacrificios. Con humildad y dedicación. Su recuerdo vivirá eternamente en los lugares que lo vieron crecer.

En el corazón de Villa Alem, barrio ubicado en la zona Sur de San Miguel de Tucumán, vivió una leyenda. Un ícono. Un luchador. Un campeón. Si de fútbol y pasión por el deporte se trata, resulta imposible no destacarlo. Ante su partida física nace una historia de gambeta y convicción.

José Hugo Medina, más conocido como el » Tato», recordaba como si fuera ayer su paso por el club que le dio sus mayores satisfacciones. Revivía cada detalle. Añoraba cada momento. Con gran emoción, mencionaba lugares, figuras y personas que marcaron su historia. Sus ojos brillaban como aquella copa que levantó más de una vez cuando a su mente volvían esos paisajes. « Todo esto que te cuento es un sueño para mí, aún me cuesta creer, significa muchísimo y si bien es cierto que no se vive del recuerdo, para mí no vive del ayer quien no tiene una gran historia por contar. Todas estas fotos, cuadros, recortes y revistas forman parte de mi paso por el fútbol  y de las etapas más importantes y maravillosas de mi vida

Sus Comienzos

El Tato nació en la provincia de Salta, un 14 de julio de 1945 pero su dinastía futbolística se originó en Tucumán. Remarcó que muy pocas personas lo saben y fue titular de los medios como el » Tucu»: » Soy salteño, aunque no lo creas, nací en General Guemes, mi papá era ferroviario y nos vinimos para aquí, de hecho, mis inicios fueron en el club del frente de mi casa, en Tucumán Central. Y lo menciono a mi padre porque esa decisión de empezar a jugar se la debo a él. Mi viejo murió cuando yo tenía 9 años y me aferré a lo que me gustaba hacer para salir del dolor. Estaba mi mamá pero no es lo mismo, cuando se trata de fútbol y más en esa época, yo necesitaba el soporte y el respaldo paterno«.

Así, fue en el rojo de Villa Alem donde un día un hombre puso los ojos en él y le cambió la vida. Pese al dolor por la pérdida siendo un niño, José Medina no bajó los brazos y apostó a un futuro, sin saber las maravillas que le tenía para su carrera. Con orgullo indicó: « Estaba lleno de ilusiones cuando llegue al club, quería lograr algo y jugar me hacía salir adelante. La ausencia de mi papá fue tremenda, él era el 80% de mi ser. Tuve que dejar la escuela pero no me di por vencido y terminé a la noche mis estudios.Y así, de un día para el otro, con el paso de los años, apareció en medio de todo esto, doloroso y a la vez lindo, Fernando Blanco. El vino a la provincia y se instaló para vernos jugar. Hasta que me llamó y me dijo que en Estudiantes de la Plata querían probarme. Para mí fue inolvidable. Pasar de un lugar pequeño a otro tan grande. Me fui y pasé la prueba de fuego. Tenía 17 años y ya me habían comprado. Éramos  más de 1200 pibes y sólo 11 quedamos. Siento que fui bendecido, Boca y San Lorenzo también me querían pero por esas cosas de la vida, mi madre no me dejó ir. Tenía que ser el Pincha parece el que marcaría mi destino.

Su debut 

El Director técnico, Osvaldo Zubeldía, apostó a este soñador y lo eligió para su debut en la Copa en 1968. Tato recordó con gran nostalgia y alegría aquel momento: « El técnico de Estudiantes me eligió entre los más grandes, eso no lo olvidaré jamás, fue un increíble maestro. A él le debo mucho y aunque estaba en el banco de suplentes, yo observaba y analizaba a los rivales, que no eran nada más y nada menos que Brasil Colombia. Y bueno cuando me tocó debutar, como volante de ataque por izquierda, que era mi posición, sentí una gran carga, una gran responsabilidad, era la final, Dios mío, la final. Había más de 80 mil personas en esa cancha. Vencimos a Palmeiras. 2 a 0. Fue un delirio. Tengo imágenes únicas y hermosas que se me vienen en estos momentos. Tenía 18 años y era un chico de barrio, un chico de provincia«.

La copa del mundo y la expulsión 

Año 1968- Estudiantes de la Plata se consagró campeón de la Copa Intercontinental en la cancha del rival, Manchester United. Ya que en el partido de ida, ganó 1 a 0 y en el de vuelta, empató 1 a 1 en el Old Trafford. El volante de la albiroja plasmó con gran intensidad como lo vivió : » Ese 16 de Octubre no me lo olvidó más, ese día el País era de Estudiantes, era Argentina contra los creadores del fútbol. Ellos estaban seguros de que iban a ganar y nos trataron de desmotivar, pero nosotros teníamos un enorme equipo. Eran pesados .Nuestro grupo tenía pasión y garra,además, eran humanos, no invencibles. Yo entré a la cancha dispuesto a ganar y a marcar. Soy una persona muy creyente y sentí que algo muy espiritual me acompañó en esa final. Ganar la copa del mundo fue como ver  dios en la cancha. Fueron fragmentos en donde sentí que él jamás me había dejado solo».

Tato, tuvo la misión de marcar en ese encuentro a George Best, figura europea y ganador delBalón de Oro. Relató con euforia ese ataque y el desenlace que tuvo el duelo: » Con él fui feroz, yo veía que no soltaba la pelota, parecía que tenía un imán en los pies. Me puse a pesar y dije, yo puedo con él . Tenemos un equipo que se merece ganar.  Tal fue así, que no le dí respiro. no lo deje tener la posibilidad de llegar a nuestro arco. Eso le molestó. Me rompió el tabique y obviamente me expulsaron. A los dos nos sacaron. Yo reaccioné mal pero fue la adrenalina de lo que estaba viviendo. Me dolió más no ver la final desde adentro que el golpe en sí». 

Pese a lo sucedido, el pincha destacó el nivel de su rival y reveló como fue su preparación para marcarlo: » Best, era un grande, un monstruo, era muy veloz, demasiado. No sabes como corría. No dormí la noche anterior al partido. Yo sabía que necesitaba esta listo la circunstancia y me entrené duro. Salía a correr todos los días, durante 2 meses, había que estar fuerte y con resistencia. Me ponía una bolsa de arena en el estómago y así subía el cerro. Tenía unas Pampero de goma, con esas podía mover mejor los dedos, sin vendas, sin nada.

 

Su mérito como DT y perspectiva del fútbol actual 

El salteño de raíces deportivas tucumanas, mostró con orgullo su carnet de técnico de AFA y recordó el triunfo ante Inglaterra al ganar la Copa Nike en el año 2004: » Ganar esa copa con la octava división de Estudiantes fue otro momento glorioso, ya desde otro lugar, como profesor también el fútbol me dio satisfacciones. Yo me formé, estudié para dirigir un equipo y todo el mérito llegó porque lo hice con gran cariño y dedicación. Por este motivo, no me gusta hablar u opinar del labor de otros colegas, hay que estar ahí». 

Este hombre que hizo historia en el deporte argentino, no dejó pasar la actualidad que vive el mundo futbolístico: » Se perdieron los valores, la pasión, ese sentimiento, el amor. El fútbol se volvió sin lugar a dudas, comercial, al jugador le interesa más cuanto es lo que va a ganar , piensa en la plata. Lo mueve más el billete que lo que está representando. El bolsillo es importante pero no lo es todo». 

Con ídolos y sin asignaturas pendientes 

José Medina, manifestó su simpatía y admiración por grandes figuras del deporte y remarcó que no dejó sueño sin cumplir: » Siempre seguí a Pelé, me compré libros de él. Es un jugador inmenso. Saber de este astro me ayudó en mi formación. Como así también interiorizarme sobre Charles Atlas. La formación y el conocimiento es la base de cualquier disciplina y profesión. Ellos fueron mis referentes. Si yo miró hacia atrás, siento que adopté cosas de ellos y que gracias a mis valores y a mi esfuerzo, logré todos mis objetivos. Desde el más pequeñito al más grande que fue salir campeón del mundo. Es el anhelo de cualquier jugador».

Tato fue un grande y esa inmensidad se desplazó a su esencia. A su persona. A su relación con los demás. Así se lo recuerda, siempre atento con los vecinos. Sonriente. Amable. Dispuesto a sacar su pizarrón para educar y enseñar a cada niño que ilusionado y lleno de sueños, golpeaba la puerta de su modesto hogar.

 

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