fraternidad, pasión y corazón


Arte marcial en su máxima expresión. Una familia con valores, lucha y combate a pulmón. El Torneo Nacional  de Jiu-jitsu  organizado por la escuela CHECKMATE, con el aval  del Mestre Sebastián Lalli oriundo de Curitiba Brasil  dejó huellas. Podio y emoción. Las mujeres fueron  protagonistas. Sofía Recabarren y Gabriela Barreiro marcaron tendencia.  

Las inmediaciones de Club Nicolás Avellaneda fueron testigo clave de un Torneo que destiló combate. Fue el escenario del Torneo Nacional de Jiu-jitsu que contó con una masiva participación. El evento a cargo de la escuela CHECKMATE, con el aval  del Mestre Sebastián Lalli   de Curitiba Brasil, no tuvo desperdicio alguno. Las mujeres brillaron en la estera.

Sofía Recabarren (29) no solo subió al podio sino que también destacó los valores que conllevan la práctica del deporte sin olvidar sus comienzos ni lo que se dejó en el camino para materializar sus objetivos. Se lució y demostró que la mujer pisa fuerte. “Todo comenzó por la iniciativa de un amigo que vive en España. Con él empezó todo. Y la verdad que es impresionante. Me encanta. Sin embargo lo nervios antes de salir siempre están más allá de la preparación y el cuidado con la alimentación que se debe tener para poder llegar al peso y estar en la categoría. En el Jiu-jitsu se descubren cosas hermosas. En el momento de luchar no hay diferencia con el hombre, se llegan al mismo nivel y altura.  Hay mucho respeto. En los tiempos que se viven actualmente está buenísimo que la mujer se anime. Rompa el prejuicio y lo adopte como una herramienta de defensa personal”. 

Gabriela Barreiro (26) también marcó un antes y un después en la competición. No solo por las expectativas con las que se preparó sino porque fue un debut que le permitió decidir y determinar su futuro en las artes marciales. Un camino hacia los combates. “Me preparé con mucho sacrificio. Haciendo foco en la elasticidad y la fuerza. Es mi primera vez en lucha y la vivo con muchísima emoción. Me sentí muy acompañada, estoy satisfecha. Sin nervios pero si con motivación. Quiero prepárame para participar en más Torneos de este tipo. Uno se lleva de estos encuentros fraternidad, amigos y una gran experiencia. Las chicas se deben animar, quitarse todo obstáculo y hacerlo. Para eso es la vida, para probar y cosechar nuevas vivencias”.

El Jiu-jitsu en Tucumán tiene una identidad. Y la escuela CHECKMATE la defendió con respeto, honor y pasión. Una familia que trabaja a pulmón para hacer realidad sueños.

 

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