La historia sin fin


 

Si, a ustedes les hablo, a ustedes que nos dañan, nos entristecen, nos desgarran, a ustedes que se quieren robar algo que era de todos, algo que era un juego, una pasión, una distracción, una bella forma de acompañar la vida. Se quieren robar nuestro fútbol. Lograron manchar la pelota, algo que según “el Diego”: no era posible.

Hace años que los hinchas visitantes no pueden ir a la cancha. La policía no puede controlarlos, entonces, mejor era separarlos. ¿Creen que encontraron la solución al problema? No, también se matan entre hinchas del mismo club.

Pelean por ser líderes de sus barras, entran gratis, reciben entradas desde la dirigencia para luego revenderlas y así armar su negocio. Apoyan y en algunos casos son guardaespaldas de directivos del club. Tienen, por momentos, más peso en el club que los mismísimos jugadores.

Es solo cuestión de abrir el diario, cualquier día de la semana, aleatoriamente, y ahí los vemos, ahí están ustedes, en primera plana, son tapas de revistas. Pasaron de la sección deportes a la parte de policiales y no los veo con intenciones de parar.

La violencia es como el agua, donde ve un hueco entra y si encima es caudalosa, puede llevarse por delante todo lo que se cruce.
La violencia no discrimina categorías, está instalada en cada una de nuestras canchas y divisionales. Más de 300 muertos en el fútbol. Dato que nos hace dudar, más aún, si todavía es nuestro.

Antes eran el público, luego hinchas, luego barras, hasta pasar a ser barrabravas. ¿Será que no pretenden parar hasta ser llamados asesinos?

Hace un tiempo atrás nos preocupaba la violencia en el fútbol. Ahora, intentamos jugarlo dentro de ella.

Fuente: Gustavo Grabia

 

 

 

 

 

 

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