“El CAIH es la familia que elegí”


Francisco Armas, extremo del CAIH, dio su visión sobre este deporte en Tucumán y también a nivel nacional. Recordó sus inicios, desde que jugó en el Colegio Pellegrini, donde dio sus primeros pasos, hasta la actualidad en el “Celeste”. Explicó lo difícil que llega a ser enfocarse solo en el deporte debido a que en el país todavía es amateur.

En nuestro país los deportes profesionales son contados con los dedos de la mano, como lo es el fútbol, por ejemplo. Del otro lado de la vereda, existe una gran cantidad de disciplinas que están sumergidas, por distintos motivos, en el amateurismo. En esa amplia paleta de deportes está el handball o balonmano. En Tucumán no es la excepción, ya que año tras año las dificultades para armar una liga se agrandan por la falta de equipos o por los costos elevados para poder abonar la inscripción al torneo. Algo que dificulta las aspiraciones de los jugadores para ser considerados en alguna selección nacional, debido a la poca competencia en la provincia. Otras de las falencias es la falta de un lugar adecuado para su juego. Hoy en día, Tucumán no cuenta con una cancha acorde a las necesidades para albergar la sede de un torneo nacional.

Es por ello que muchos, o los que tienen la posibilidad, deciden ir a probar suerte en Buenos Aires o los más valientes al exterior. Son conscientes de que estando ahí tienen más posibilidades de ser llamados para la Selección.

A pesar de todos estos inconvenientes, cada año se suman más chicos a las canteras de los distintos clubes, que el día de mañana serán los encargados de hacer que el deporte crezca en la provincia y logre tener más difusión.

«Fran» da su mirada sobre la actualidad del club, cómo trabajan con las inferiores y hace un repaso desde sus inicios, contando como lo eligió y  recordando, también, sus mejores momentos.

¿Qué te llevó a elegir el handball?

Empecé en el Colegio Pellegrini, un colegio enfocado en el deporte. Ahí hacia básquet, fútbol, atletismo y también conocí lo que es el handball con el profesor Mauro Estévez. En séptimo grado teníamos que elegir un deporte y es ahí donde me inclino por el handball, como era un deporte nuevo, que casi nadie lo conocía, a mí y a muchos compañeros nos dio curiosidad. Lo elegimos para probar, ver qué onda, algo nuevo. Luego de esto, el profe ve las ganas y el entusiasmo que teníamos, y nos comenta que tenía un equipo federado para jugar y seguir conociendo más sobre este deporte.

Curiosidad, una palabra que también usó su novia. Amira Dip, jugadora del club, reconoció que empezó a jugarlo por el mismo motivo, por curiosidad. Luego de jugar unos intercolegiales, ella descubrió su amor hacia éste deporte a tal punto de probar suerte en CAIH, luego de egresarse, y desde ese momento nunca pensó en dejarlo. Ambos conocieron al handball por curiosidad, quizás sin saber que con el paso de los años se convertiría en una de las actividades que más aman.

 

¿Qué viste en él que te atrapó tanto?

Quizás la adrenalina que te da constantemente. El juego en equipo que tiene, todos dependemos de todos. No hay jugador que no dependa del compañero. Es un deporte muy en equipo, en el que tenés que estar pasando la pelota, coordinando con tus compañeros. Esa adrenalina que sentís cuando pasás a un jugador y hacés el gol, no hay nada en el mundo que te explique cómo te sentís. Lo que a mí me marcó desde chico, cuando era arquero, fue la contención que te da la gente al momento de atajar una pelota y sentías los aplausos de todos.

 

Un momento específico que te haya marcado en tus inicios.

Ese momento lo tengo presente siempre. Fue la Selección Tucumana de Handball de menores. Viajamos a Salta a jugar la Copa Gaucha. Los más grandes nos decían que iban equipos muy difíciles, que si perdíamos no nos sintiéramos mal, que tratemos de dar lo mejor, porque creían que no teníamos chances. A nosotros eso no nos importaba. Nos importaba jugar y pasarla bien. Pero si le poníamos mucha pila y queríamos ganar. Era nuestro primer torneo y en una selección, imaginate. Nadie nos tenía fe, pero nosotros estábamos re ilusionados que fuimos y ganamos el primer partido, sorprendiendo a todos. Luego pasó el segundo, el tercero y llegamos a semis, donde ganamos también. El bajón de ese viaje es que no pudimos llegar a jugar la final por un tema de organización. La final estaba programada para las 13 hs y luego la pasaron para las 17. Nosotros teníamos los pasajes de vuelta para las 15. Es una espina que tengo el no haber podido jugar la final. Aunque si nos sentimos campeones, en la semifinal al rival lo pasamos por arriba. Sentía que era nuestro momento. En ese torneo, cada uno de los chicos estaba en su colegio y el tiempo nos juntó de nuevo en CAIH. Ese viaje significó tanto por todo lo que nos enseñaron.

Momentos que marcaron a esa camada de jugadores, que a pesar de no haber conseguido el título, los fortaleció de cara a lo que, años más tarde, el destino les depararía, volver a compartir un equipo, que con el tiempo se convirtió en una familia. Algo que remarcó en gran parte de la nota.

En todo sentido de la vida, la familia es un pilar indispensable para todas las decisiones que se toman. Son los primeros que con su apoyo te dan ese envión necesario para no bajar los brazos y poder llegar al objetivo. En lo deportivo también lo es. Y más si tenemos en cuenta que éste deporte es amateur en nuestro país y cada uno de los jugadores, y más los del interior, hacen el doble de esfuerzo para poder entrenar y viajar a los torneos nacionales que se disputan cada año.

Es por ello que reconoce que su padre lo acompañó mucho, que cada vez que lo invitaba a ver los partidos se hacia presente. Siempre iba a ver sus partidos, pero remarcándole que no olvide los estudios. Todo lo contrario con la madre, ya que a ella no le gustó tanto el tema del deporte al ser de mucho contacto. Pero sí lo apoyó con el handball con cierta distancia. Ella no va a ver los partidos porque dice que “me golpean mucho y me exijo demasiado”. Su familia lo acompaña, sus primas por lo general, cada vez que las invita se hacen presente y están apoyándolo desde las tribunas o el lugar que encuentren, dependiendo en dónde juegue su equipo. Además remarcó: “siempre respetaron que es mi mundo”.

A pesar de todos los lindos momentos que vivió gracias al handball, en la provincia conlleva un gran sacrificio su práctica. Al ser una actividad amateur hace que los jugadores no se enfoquen solo en lo deportivo, ya que deben trabajar para poder costear los gastos cada vez que se presenta la posibilidad de algún viaje o al momento de la inscripción al torneo provincial. Él aclara que tenés que priorizar otras cosas “porque de algo hay que vivir”. Su día arranca temprano yendo al trabajo, a la tarde en la Facultad, está estudiando Derecho, y luego a la noche “voy a esa parte linda de la jornada donde me puedo despejar, entrenando y jugando al handball”.

Se lo nota muy comprometido con el equipo y siempre que puede se hace presente a los partidos de los más chicos, dándoles todo el apoyo posible. “A los chicos siempre trato de enseñarles lo que más puedo, darles los consejos que a mi me sirvieron en algún momento de mi carrera” agregó al respecto, teniendo presente que vivió lo mismo que los juveniles del club.

Como buen referente y compenetrado con el “Celeste”, también va a presenciar los partidos de las chicas del club y al momento de referirse a su nivel de juego expresó que “el handball femenino en la provincia creció mucho. En 2016 llegaron a la final de un Nacional, algo que nunca habian logrado”.Pero aclaró que todavía está en una etapa de transición.

Su novia, Amira Dip, fue parte de ese plantel que jugó la final, al respecto agregó: “Al segundo año del que entré al club, jugamos la final del Nacional. Hasta ese momento nunca habíamos llegado a esa instancia. Fue increíble. Pensábamos que el primer día nos volvíamos y fue todo lo contrario, hasta el último día peleamos el campeonato”. Para ese viaje dejó parciales por rendir porque consideraba que era una ocasión única, aunque iría al banco. Ingresó en la semifinal, en la que ganaron y a pesar de caer en el partido decisivo sabe que ese fue el puntapié inicial de su crecimiento como equipo.

Por la cabeza de un jugador pasan muchas cosas. Desde el momento en el que empieza el viaje, ya sea en el fútbol o en este caso en el handball, los sueños y metas a cumplir son muchos. Y él no es la excepción. Cuenta, con un poco de vergüenza, que uno de sus sueños es salir campeón con el club de sus amores en Primera División o de algún Nacional, ya que desde su debut en 2013 no logró levantar ninguno de esos premios. Una espina que espera poder sacarse pronto. Explica que el día que gane un Nacional se sentirá realizado y le dará prioridad a otras cosas, aunque reconoce que sería difícil porque el handball es “una sana adicción”. Un sueño para él poder ganar éste título.

En nuestro país éste deporte es amateur y se centraliza mucho en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, donde está la mejor liga de Argentina. Este amateurismo golpea demasiado a los equipos del interior, ya que cada año se les dificulta más afrontar los costos. Nuestra provincia no está alejada de esto y se ve reflejado en la poca cantidad de equipos que compiten en la liga local. Ante esta situación agrega: “hoy en dia el handball tucumano está complicado más que nada por un tema de organización. Sólo hay cuatro equipos en Primera, somos muy pocos para formar una liga competitiva”. El presente es poco alentador, pero el futuro puede ser prometedor debido a la gran cantidad de chicos que se suman a los clubes año tras año. Algo que motiva a los jugadores y técnicos a seguir trabajando para poder formar a los jóvenes de la mejor manera para lo que se les viene en esta sacrificada carrera. También reconoce que una ayuda del Gobierno les vendría bien y tener una cancha propia para el día de mañana poder albergar un Torneo Nacional en la provincia, evento que lograría atraer a muchas personas y hacerlo más conocido, teniendo una mayor difusión.

Entrando en el tema de la difusión, lamenta que la prensa esté alejada del handball, entendiendo que el fútbol o el básquet acaparan la mayor atención.  Continuando con lo periodístico aclaró que “con el tema de las redes sociales se está haciendo un poco más conocido. Sumado a los Juegos Olímpicos de la Juventud del año pasado, con el beach handball se le está dando un poco más de importancia. Pero si nos ayudaría mucho que tenga más difusión así se hace más conocido y las personas se acerquen a verlo”.

Todo equipo tiene una tradición o las llamadas cábalas antes de salir a la cancha. Pasa en todos los deportes y no iba a ser la excepción el handball. Una costumbre que tienen como grupo es que antes del partido se canten canciones del club. Ponga huevo Celeste ponga huevo, ponga huevo Celeste sin cesar… reza uno de los cánticos del club que es entonado con fuerza por sus jugadores en la previa.  Un grito de guerra antes de salir a la cancha a disputar el encuentro.

Para ir finalizando, el extremo de 24 años, nacido en San Miguel de Tucumán, dejó en claro lo que significa el handball en su vida.

El handball es algo tan especial que no sé si lo podría explicar con palabras. Para mí es mucho, se llevó momentos muy importantes de mi vida. Prácticamente respiro handball, soy un apasionado, tanto que es imposible dejarlo. Salvo que mi cuerpo ya no me lo permita. Es muy importante en mi vida. Es el momento del día en el que puedo encontrarme conmigo mismo, en el que soy yo y puedo despejarme de todos los problemas personales. En ese momento es la pelota, tus compañeros y nada más”.

Siendo un poco más profundo, también explicó lo que significa el club de sus amores y con una sonrisa exclamó: “El CAIH es mi familia. Es la familia que elegí, tengo todos mis amigos ahí y jamás me separaría de ellos. Es lo mejor que me pasó dentro del handball. Conocerlos a ellos, compartir tantos momentos juntos es inolvidable para mí. Aquí conocí muchas personas, mi novia también es del club. Sería muy dificil si me toca irme, es el equipo más importante en el que me tocó estar. Me veo muchos años más en el CAIH, si no  me voy a ningún lado, hasta que mi cuerpo no de mas voy a estar en el ‘Celeste’. Tengo un sentido de pertenencia muy grande hacia ésta institución”.

Sin dudas un deporte que, con el correr de los años, te va atrapando de a poco. Dinámico en su juego y sacrificado en su práctica. Un deporte a todo pulmón. Un pulmón enorme formado por esta familia de locos amantes del handball.

Previous María Rocio Mathiesen Liendo
Next Un amor que cruza fronteras

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *