“Con el Himno Argentino de fondo se te bajan las medias”


Nuestro máximo representante en materia de  Mountain Bike  se bajó de la bici y contestó de todo. Mundiales, Trasmontaña, entrenamientos, anécdotas y mucho más.

Darío Gasco, “el Mono” , es sin dudas el primer nombre que se nos viene  a la cabeza cuando hablamos de travesías sobre dos ruedas. Desde el Mollar y muy bien custodiado por alguna de sus medallas, se sumó al Instagram live de Apretao Deportivo y nos dejó de  todo.
Su carrera supera las dos décadas, con apenas 10 años ya en su vocabulario empezaban a aparecer palabras como silleta, horquilla, coronas, pedal, Sendas y montaña.
Junto a su hermano Daniel pusieron primera en esta pasión. “Cuando entrenábamos no le podía ganar de ninguna manera , pero en las carreras de verdad ganaba yo, la adrenalina de competencia me daba un plus”. Contó Darío.
Fue fundamental el apoyo de sus padres . Vivían en Concepción así que dependían de que su padre los lleve a entrenar y a correr. “Sin él, mí Carrera no hubiese ni arrancado”.
Su relato coincide con el del 100 % de los deportistas, lo más glorioso es representar a la Argentina. “Con el himno argentino de fondo se te bajan las medias”. Aseguró Gasco entre sonrisas y melancolía.
Su carrera más difícil fue la de la Universidad en simultáneo al deporte. Decidió empezar el cursado de la carrera de Nutrición algo que le demandó mucho del tiempo que él antes utilizaba para pedalear. La exigencia era tan grande que inclusive llegó a pensar en dejar la bici, pero esa idea no prosperó ya que el amor que él sentía por el deporte  era inmenso. Duplicó sus esfuerzos  y pudo llegar a las dos metas.
“Me quedaba apenas una hora y media al día para entrenar, así que en ese tiempo me mataba. No podía dar ventajas”.
La actual situación mundial a raíz del COVID-19 lo encuentra en la montañas del Mollar. Intentando no ceder en lo físico pero sumamente aburrido, “hago rodillo, gimnasio y corro un poco. Me encantaría estar trepado a las montañas pero no sé puede”. Aseguró haber sido muy prolijo a la hora de cumplir con la recomendaciones del estado en la lucha contra el virus.
“Es imposible mantener la intensidad a la que acostumbro. Estaba haciendo picos preparando altas cumbres, la carrera que se llevaría a cabo el 22 de marzo”. A Darío como a tantos deportistas se le truncó el desafío una semana antes, cuando las autoridades comunicaron el cese de todas las  actividades de Mountain Bike.
Entre sus más queridos logros aparecen los  seis Trasmontañas que ganó, número que lo ubica en el top 3 de la historia de esta gloriosa travesía.
La corrió con  distintos compañeros, Apretao Deportivo haciendo honor al nombre del medio, lo quiso poner en un aprieto y le preguntó si era capaz de elegir a uno de ellos. Cuando todos esperaban una típica respuesta de cassette, Darío sorprendió a todos y se animó a elegir: “Me llevo excelente con todos, pero de elegir a uno me quedo con Luciano Caraccioli, nos conocemos hace más de 15 años, estuvimos juntos en el equipo Maxxis Zenith y también  con el  compartí muchos viajes representando a la Selección Argentina”.
Sostiene que hay que estar muy bien preparado y con la cabeza enfocada en la competencia, darle la seriedad que se merece este deporte porque siempre hay alguien que está esperando una carrera para ganarte y es esa la adrenalina y el plus que siente un deportista. “Siempre le querés ganar a alguien. A mí me pasaba cuando competía en Europa, había 10 ó 15 deportistas en un nivel muy importante a los cuales yo no le podía ganar, entonces me despertaba día a día para entrenar y para enfocarme y ver cómo hacer para en la  siguiente carrera superarlos, eso es fundamental en la mente de un deportista”.

Su gran referente de chico era Federico Ruiz Campo. Un constante animador del Trasmontaña en aquello tiempos. “El  capo en ese tiempo era el ‘Fefo’, me metía en el sendero para hacer barra por él”.

Como en todo deporte hay gente que tiene el don y lo acompaña con esfuerzo y  sacrificio y otros que solamente se quedan con que son buenos haciéndolo y punto.  En el caso de Darío, él tenía la habilidad para andar en bicicleta pero lo más importante fue el sacrificio. A los 19 años se instaló en el viejo continente, más precisamente en España para competir de manera internacional, no se quedó con qué era  bueno su nivel en nuestra provincia o en nuestro país y quiso volar mucho más alto. Vivía nueve meses  allá, solo, alejado de su familia y apenas lo veía dos meses al año cuando volvía a su ciudad natal Concepción y se quedaba  con sus padres. El último mes de entrenamiento lo hacía en  el Mollar y pegaba de nuevo la  vuelta  para Europa. Ese es el sacrificio que debe hacer un deportista si quiere ubicarse en lo más alto.
En aquellas épocas la tecnología no tenía el alcance que tiene hoy en día, no existía el Whatsapp ni las videollamadas y era muy difícil comunicarse con sus seres queridos, tal vez ir a un ciber y mandar un mail o de vez en cuando un mensaje de texto, todo era muy costoso allá.
“Por suerte cada vez que volvía de Europa mi familia y mis amigos me esperaban  con los brazos abiertos eran dos meses de un especie de algarabía, festejo y mucha contención, era ahí cuando recargaba las pilas para volver a emprender un desafío de nueve meses a  más  a 10000 kilómetros de mi casa”.

Su pasión lo llevó a conocer muchos lugares del mundo. Estuvo en los JJOO de Beijing 2008, donde se  codeó con los mejores deportistas del planeta en la Villa Olímpica y se trajo un puesto número 27 para nuestro país.
Contó con cierta vergüenza el nacimiento de su apodo, cursaba primer grado del colegio y en el libro Crecer Uno, aparecía un mono tirado en el piso comiendo una banana  y decía: -» Hola soy el mono  Darío». » fue traumático para mi, me molestaba mucho pero después lo acepté».

Reviví acá la entrevista completa:

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